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Por -Iris- - 25 de Septiembre, 2006, 20:35, Categoría: General

Finísimos hilos se entretejían en una gran superficie. Transparentes, livianos y llenos de luz, se disponían coherentemente en la gran superficie que cubría el perímetro de mi cintura. Admirándolo estoy hace mucho tiempo. Solía pasar por su lugar de guarde y quitarle minúsculas pelusas que se posaban sobre la funda que lo envolvía.

Faltaban demasiados días, pero ya estaba casi preparada para cualquier cosa. Uno nunca sabe si es la ansiedad del momento que te juega una mala pasada de seguridad plena, o realmente la seguridad esta, y más vale que el tiempo se apure antes de que esta se vaya como vino.

Escucho la escalera de madera sonar como nunca antes. Hubiera jurado que cientos de personas se habían dispuesto una encima de la otra con el fin de subir sin hacer el más mínimo ruido. Era muy temprano en la mañana y no me había siquiera puesto a pensar mis responsabilidades del día. Podría decir que ese fue el inconveniente que marco mi día en toda su longitud.

El picaporte de la puerta descendió de una manera altanera y abrupta. Mis ojos se posaron sobre el tan automáticamente, que hasta creí que el en si mismo tenia la respuesta. -“Yo ya no puedo gritar de la manera que lo estoy haciendo!”-, la puerta se cerro.

Domingo, no podría ser de otra manera. Muchas veces pienso que yo podría vivir sin calendario, los días en mi vida son muy característicos y no hay posibilidad de confundirlos.

-Amarillo?... no es correcto, Rojo?... Dios mío!, azul?...azul…a-z-u-l… aaaazzzuuulll…si!-. Me recogí el pelo en una cola que luego, como si estuviese escrito en algún lado, terminaría en un rodete. Mientras me miraba al espejo tome la pompa de algodones que me regalo la abuela, empolvándome estaba intentando que no me rozará el interior de la nariz. -No te das una idea como te odio, tan chiquitito y tan molesto!, la moda no incomoda, la moda no incomoda, la mola no incomola, jajajaja-.

Rápidamente baje las escaleras, intentando llegar antes de que la luz sea nula. Los días de invierno pasa eso, mi madre suelta las cortinas de sus amarres y no deja pasar ni una gota de luz, humedad…Muchísima.

Afuera, el día estaba gris. Pequeños ases de luz calentaban mi vestido pero era casi imperceptible. Subí los dos escalones que me llevaban a mi asiento y me dispuse a ver por la ventana. -Pasto…pasto…vaca!...pasto…pasto…pasto, pasto-. El cielo ni lo miraba, sabia que cada cosa que pasara me estaba restando tiempo para regresar a casa. Esa era mi esperanza. La experiencia y la percepción van tan paralelamente que siento como si viviese dos tipos muy diferentes de vida. Y tomo al pensamiento como un acercamiento con la realidad exterior. 

Leer libros es mi fuerte. Me encanta lo que dicen, como lo dicen, sus tapas, las viejas más que las nuevas. Sus hojas manchadas por el tiempo, me transportan a situaciones ya vividas. Su olor desearía que viniera de amontones en frasquitos franceses. Justamente me tope con uno que me atrapo por completo y que estoy leyendo ahora mismo.

Nos detenemos, no lo sentí, fue fugaz. Camino junto a mi madre, la cual me da indicaciones como si practicara lo que le enseñaron en el curso de “hable usted con las manos y la cara ya!”. Guarde el libro.

Primera lectura Job 38:1, 8-11

Yahveh respondió a Job desde el seno de la tempestad y dijo:

¿Quién encerró el mar con doble puerta, cuando del seno materno salía borbotando; cuando le puse una nube por vestido y del nubarrón hice sus pañales;

cuando le tracé sus linderos y coloqué puertas y cerrojos?

«¡Llegarás hasta aquí, no más allá - le dije -, aquí se romperá el orgullo de tus olas!»

Un par de lecturas de estas y la ética brotara por mis poros como manantial de oro para la sociedad hoy día.

La gente comienza a caminar en fila come y se va. Que tupe que tiene el cristiano!. Comer y volar a recoger pecados y luego depositarlos en la canasta el domingo siguiente. Gracias que los pensamientos existen y son de uno. Hay cosas que solo puedo imaginarlas y a la ves desearlas.

Ahora si podía pensar en mi. Sabia de un  concierto que me gustaba demasiado y pensaba compartirlo con mi amigo Theo. Entramos en casa y me dispuse con mi madre a realizar el almuerzo familiar. En cualquier momento, por esa puerta van a ingresar las personas mas extrañas jamás vistas. Van a comer en nuestra mesa, trataremos de tener una conversación amena con el fin de intercambiar puntos de vista. Para luego dormirse conjuntamente con los ojos abiertos. Igualmente me someto, siempre me gusto conocer el mal para luego aislarlo.

Mi madre en cambio se preocupaba al nivel de la desesperación. Le cambiaba el semblante, se ponía rezongona y se le notaban más las canas. Para amenizar el momento decidí poner un disco de jazz acorde con el día. Imagínense pelando zanahorias y silbando por lo bajo.

Mi madre insistió y yo no tuve mas alternativa que aceptar. Subí a mi habitación, me vestí y baje. Mi tío se ocupo de poner el disco de siempre y yo sabia que mi tarea era bailar al compás de las sonrisas que ellos me regalaban. Me sentía avergonzada pero segura. Quizás mi seguridad se basa en la rutina permanente. En un momento, no me pregunten cual, dentro de mi cabeza sentí una especie de llamada de atención. No pude resistir la tensión y me dispuse a gritar frenéticamente. En ese momento no paso por mi mente imagen alguna. Me apuntale en el sonido vigoroso de mi voz. Los mire, los estudie uno a uno tratando de guardar las imágenes de la reacción de cada uno. Entre ellos lo veo a mi tío echado sobre el piso moviéndose tenazmente. Lo señale y todos acudieron a su ayuda. Subí la escalera me cambie de ropa y me dirigí a la calle.

Theo me esperaba en la esquina a la hora acordada. Me encanta la puntualidad sorpresiva. Nos encontramos y los besos fueron protagonistas de mi silencio. No quería contar cosas de las cuales tendría que dar más de dos concisas razones. Y esta necesitaba mucho más de dos.

Nos sentamos en un bar. Muchas mesas de a dos. Parejas cada una mesa vacía. Parece como si lo hubiesen dispuesto de ese modo con el fin de llamar la atención. Los observaba mientras el buscaba algo en un sin fin de cosas, suelo no encargarme de eso me marea. Murmullo de voces que me dicen nada y a la ves tanto que quiero tener mas atención en cada uno de ellos. No soy buena en esto. Los secretos me esfuman de la realidad. Poseerlos es mi fin, pero solo por el hecho en si mismo. Pasar escena tras escena de una obra, todos inconexos sin final…o si, el que yo me imagine luego. –Si si eso esta muy bien, gracias!-. Las únicas que pronuncio. Comienzo a revivir mentalmente ese episodio y suspiro constantemente. Theo se da cuenta pero no se atreve a emitir ni sonido, solo me observa. Intenta ver en cada parpadeo mío la respuesta a una pregunta aun no formulada. Respeto y me pongo a jugar con una miga de pan.

La comida, vistosa y apetecible, esperaba frente a mi quizás por realizar su tarea. Mire disimuladamente el plato de el. –el mío tiene mas colores calidos y en el tuyo preponderan los fríos-. Me miro y siguió comiendo. Creo que en ese momento, mutuamente, dimos concluida la salida. –Respetuoso el que espera a su prójimo terminar el ultimo bocado de gloria-. Asentí y me encargue de los calidos.

Lógicamente, nos saludamos como dos enamorados que se habían conocido en el amor hacia solo dos días. Un te - te de ambos y cada uno a sus cosas.

Siempre volvía silbando. Esta vez también silbé, una melodía de una manera estratégica, casi pensada con anterioridad.

Por fin llegada a casa, presiento que solo estoy yo. Lo cual me agrada muchísimo. Se siente en el aire, lo puedo respirar, es de aroma revelador. Tomo el libro que tanto me gusta leer y comienzo el primer párrafo.

“Nausícaa, ¿por qué tan indolente te parió tu madre? Tienes descuidados los espléndidos vestidos, y eso que está cercana tu boda, en que es preciso que vistas tus mejores galas y se las proporciones también a aquellos que lo acompañen. Pues de cosas así resulta buena fama a los hombres y se complacen el padre y la venerable madre”

No los entiendo, tan alegremente reunidos, sabiendo que nada tienen que ver uno con los otros. Pobres los que descansan en hospitales, que no solo tienen que pasar una determinada cantidad de tiempo con bips y luces alrededor, sino que también los sujetos le hacen compañía. Nunca me enferme, mi doctor dice que al estar en tanto contacto con el campo cuando pequeña, mi cuerpo ha formado dentro de si pequeños grupos muy fuertes de soldados que acuden cuando es necesario. Pobre Nausícaa ella quería hacer lo que yo tan poca importancia le di.

No se cuantas horas pasaron, pero de repente empiezo a escuchar como cruje el piso superior. Lo primero que atinaron mis ojos fue mirar directamente hacia arriba. Generalmente en estos momentos atino a no moverme en absoluto. Me gusta pensar que así se siente la paranoia. Un devenir critico que resulta siendo paranoia. El corazón se acelera, las preocupaciones por cosas ocultas se intensifica, por mas que este sola quizás estés explorando mi persona, me aquieta hasta aportarme una gran incapacidad, cuanto mas sola mas segura, se que estoy mal pero no lo puedo aceptar, no merezco nada de lo que tengo y lo que tengo lo mal gasto, siento la necesidad de tener las cosas que perdí y no tenerlas me produce una enorme rabia.

Los síntomas decaen y decido subir la escalera. Uno a uno los paso pensando que siempre hay uno mas arriba y son millones.

Miles de relojes sonaban y eso me ponía un poco incomoda. Si trataba de contar cuantos eran podría estar toda la tarde. Marcan el tiempo, te concientizan lo que perdiste y lo que estas perdiendo. En fin, llegue al segundo piso.  Una mujer sentada en la mecedora donde mi abuela tejía comenzó a hablarme y quede perpleja:

-“La humanidad se salva y al domingo siguiente, en cada ciudad, hacen una ceremonia de una hora para honrar a al hijo. Algunas personas prefieren quedarse dormidas en casa, otras no vienen porque prefieren ir de paseo, otras vienen y se la pasan bostezando y un tanto hartas queriendo irse. Quisieras pararte y gritar: "Mi hijo murió por ustedes, ¿Qué no les importa nada?". ¡¡Hay alguien que te ama, y ese alguien tiene nombre de hombre!! Qué lindo es saber que alguien nos amó tanto que incluso dio su vida por nosotros, ese alguien tiene nombre de hombre. Se ofreció como sacrificio eterno al padre, y ofreció su sangre; ya el enemigo ¡no nos puede atar! ¡Somos libres! por la sangre del cordero. No digas nadie me ama o que solo me siento y mucho menos digas yo no valgo nada. Hermano mío, tú vales la sangre del Cordero, tú vales la sangre!. te invito a que mires una imagen, mira sus llagas y su sangre derramadas por ti y por mí. Mira sus rodillas en carne viva y ahora soy yo el que te pregunta ¿crees que el te ama?¡Pues claro que te ama!”-.

No pude más que mirarla y prestarle mucha atención. Creo que me agradaba y vino por mi. Para decirme cosas que quizás hoy no entienda, pero al memorizarlas como el credo mismo darían a mi vida mas adelante resguardo. Tengo alguien, alguien a quien escuchar atentamente y quizás con esto, en el futuro llegue quizás a ser escuchada por alguien.

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